viernes, 6 de octubre de 2017

MANIFIESTO DE APOYO A LA CARTA DE TEJERO



(La Gaceta, 17 de Septiembre de 2017)

Al teniente coronel de la Guardia Civil, don Antonio Tejero, y al resto de los participantes en el 23-F se les juzgó dos veces por el mismo delito. Algo verdaderamente inaudito desde el punto de vista jurídico en una legalidad garantista como la nuestra, que ha condenado a penas ridículas a terroristas con muchos asesinatos a sus espaldas. Siendo que fue el Gobierno de Calvo Sotelo quien instó a los jueces para que aplicaran la condena que ellos consideraban oportuna. Condenas verdaderamente graves y, sobre todo, desproporcionados a tenor de las pruebas que se dirimieron en sede judicial, con el consiguiente añadido de la pérdida de sus carreras militares. Y que en el caso del único civil condenado, señor García Carrés, la actuación política-judicial fue absolutamente ignominiosa, pues se le metió en la cárcel sin ninguna protección para su integridad física y moral, estando a merced de insultos, amenazas y de poder ser asesinado por una población de delincuentes hostil a su persona. Situación estresante en grado máximo que no pudo resistir, a consecuencia de la cual murió de infarto. Claro que, puede que fuera para que no hablase.
    Algunos pidieron perdón por lo que hicieron, creyendo que era lo mejor para España, y que supongo habrían pensado muy mucho antes de hacerlo, tomando finalmente la decisión que en conciencia creían más acertada: poner orden en la situación de deriva que vivía la nación, y dar paso a un Gobierno capaz de ENDEREZAR la deriva, que desde luego no era el de Adolfo Suárez, sostenido por un partido, UCD, que era un nido de ambiciones desbordadas, cuyos miembros sólo buscaban su propia proyección personal. Sin obviar dar una respuesta al terrorismo de ETA, que auxiliada, con más o menos visibilidad, por todo el nacionalismo vasco, por una mayoría de su clero y una gran parte de la población, cometía un promedio de más de cien asesinatos al año, siendo el caso de un asesinato cada tres días. Un terrorismo consentido por el Estado con el que el independentismo vino presionando al Reino de España a fin de articular una patria vasca configurada sobre la raza, la lengua y el txistu.
    Otros escribieron, algunos incluso entonando un mea culpa, y reconociendo veladamente, y por escrito, todo valor a la legalidad que ellos habían intentado conculcar.
    Sigo profesando una profunda admiración y un sentido respeto por don Antonio Tejero, sobre todo por su silencio. Actúo según lo pactado, renunciando, además, a su propia solución. Cumplió su parte del plan con precisión y enorme pericia militar reconocida, alcanzando los objetivos, y sin heridos. Espero confiado que los demás cumplieran. Se vio traicionado y a los pies de los caballos. Y cuando se le propuso cambiar la solución, leal y honesto a sus principios, se opuso. Pero ya sin tiempo no pudo hacer prosperar lo que in extremis quiso proponer a la nación.
    En el exterior del Congreso estuvimos hasta altas horas de la madrugada muy pocas personas. La gran mayoría eran desafectos a los conjurados. Siempre me quedará el honor de haber participado en la Carga, que un grupo de patriotas realizamos sobre las 12 del mediodía del día 24, sabiendo como sabíamos que Tejero pecharía “con treinta o cuarenta años de cárcel”.
    Y si algo falta en esta breve semblanza, sería de destacar que un mes antes se asesinó, sin que hasta la fecha se haya dado con los asesinos, con premeditación, alevosía y nocturnidad a Juan Ignacio González, la pieza que hubiera faltado. 

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