domingo, 9 de abril de 2017

Palabras a Mayte Pagazaurtundía





Me disculpará si asistido de mi prevalencia moral, el hecho de haber estado siempre contra ETA, me dirijo a usted en los términos que en puridad le corresponden. Siendo además que me tiene sin cuidado como me califique.
    Nunca me cayó bien, y siempre la consideré una advenediza interesada como a tantos otros que se subieron al carro del heno después de haber puesto su granito de arena en el desarrollo de ETA. Como lo fue Juan María Brandés, que se despidió de la vida creyendo que salvaba su pasado vendiendo lapiceros de colores para una asociación de niños de la India. O como lo fue también su hermano.    
Con todo, usted sabe y todos sabemos, que la primera obligación que tendrán los historiadores cuando escriban la historia de fenómeno terrorista ETA, será, no lo quepa duda, analizar el apoyo que recibió de la sociedad vasca, sin cuyo apoyo no hubiera podido desarrollarse: extorsionar y matar. Y siendo así que este apoyo tendrá que analizarse sin dejar de mencionar nombres significativos, el suyo, por lo mucho que lleva distinguiéndose desde que ETA asesinó  a su hermano Joseba, militante de ETA y luego de su entorno, estará en esa lista siniestra…. ¿Dónde estaba usted, señora Pagazaurtundía, antes de que ETA asesinara a su hermano?
Hoy nos habla usted del respeto a las víctimas, incluso a las víctimas a las que usted olvido durante mucho tiempo porque no las sentía, y habla de que hay que mantener la memoria frente a la narración del “conflicto”, pero olvida dos cosas importantes. Que no todos tuvieron la suerte de salvarse como sí se salvó usted cuando asesinó a su hermano. Que nunca la hemos oído entonar un mea culpa por lo que fue y por como pensó.
    Me disculpará entonces si la he tratado como se merece, señora Mayte Pagazaurtundía



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