Me
disculpará si asistido de mi prevalencia moral, el hecho de haber estado
siempre contra ETA, me dirijo a usted en los términos que en puridad le
corresponden. Siendo además que me tiene sin cuidado como me califique.
Nunca me cayó bien, y siempre la consideré
una advenediza interesada como a tantos otros que se subieron al carro del heno después de haber puesto
su granito de arena en el desarrollo de ETA. Como lo fue Juan María Brandés,
que se despidió de la vida creyendo que salvaba su pasado vendiendo lapiceros
de colores para una asociación de niños de la India. O como lo fue también su
hermano.
Con todo, usted sabe y
todos sabemos, que la primera obligación que tendrán los historiadores cuando
escriban la historia de fenómeno terrorista ETA, será, no lo quepa duda, analizar
el apoyo que recibió de la sociedad vasca, sin cuyo apoyo no hubiera podido
desarrollarse: extorsionar y matar. Y siendo así que este apoyo tendrá que
analizarse sin dejar de mencionar nombres significativos, el suyo, por lo mucho
que lleva distinguiéndose desde que ETA asesinó
a su hermano Joseba, militante de ETA y luego de su entorno, estará en
esa lista siniestra…. ¿Dónde estaba usted, señora
Pagazaurtundía,
antes de que ETA asesinara a su hermano?
Hoy nos habla usted del
respeto a las víctimas, incluso a las víctimas a las que usted olvido durante
mucho tiempo porque no las sentía, y habla de que hay que mantener la memoria
frente a la narración del “conflicto”, pero olvida dos cosas importantes. Que
no todos tuvieron la suerte de salvarse como sí se salvó usted cuando asesinó a
su hermano. Que nunca la hemos oído entonar un mea culpa por lo que fue y por como pensó.
Me disculpará entonces si la he tratado
como se merece, señora Mayte Pagazaurtundía
